Fase 3 de la NOM-051-SCFI/SSA1-2010: Cambios para 2026

En los anaqueles de México, los sellos negros ya no sorprenden. Forman parte de nuestra rutina como consumidores y de la operación diaria de fabricantes, importadores y marcas. Sin embargo, existe un detalle que todavía muchos pasan por alto: el sistema de etiquetado frontal aún no ha terminado de transformarse.

La NOM-051-SCFI/SSA1-2010 sigue avanzando por etapas, y la más exigente de todas (la Fase 3) entrará en vigor en enero de 2028. Aunque esa fecha aún parece distante, el verdadero punto de quiebre no será 2028, sino 2026. Este es el año en el que las empresas dejan de reaccionar y empiezan, o deberían empezar a anticiparse.
Porque cuando la Fase 3 llegue, ya no habrá espacio para ajustes improvisados, rediseños exprés ni reformulaciones de emergencia. Lo que hoy no se planee con tiempo, en 2028 puede convertirse en un problema costoso, operativo y reputacional.
Desde hoy, se debe contemplar qué es la Fase 3, por qué se aplazó, qué productos sentirán más su impacto y, sobre todo, por qué 2026 es el momento ideal para prepararse con inteligencia.

¿Por qué en 2026 ya debes estar pensando en la Fase 3 de la NOM-051?
En apariencia, 2026 es un año «tranquilo» en términos regulatorios. Se seguirá operando con la Fase 2, las reglas actuales son conocidas, los sellos ya están integrados en los empaques y muchas empresas sienten que el tema quedó atrás. Pero esa calma es engañosa.
La Fase 2 tiene fecha de caducidad: el 31 de diciembre de 2027. A partir del día siguiente, entra en vigor el esquema más estricto que ha tenido el etiquetado frontal en México. Y cuando eso ocurra, no se tratará de un simple ajuste visual: se evaluará de forma integral el perfil nutrimental completo del producto.

Prepararse para ese momento no es un proceso rápido. Implica revisar fórmulas, cuestionar proveedores, rehacer análisis nutrimentales, redefinir porciones, rediseñar empaques, cambiar discursos de marca y capacitar equipos completos. Nada de eso se resuelve en meses.
Además, justo ahora se está definiendo el corazón técnico de la Fase 3 a través de la modificación al numeral 4.5.3. Eso conviene a 2026 en un año estratégico: todavía hay margen para planear con calma, simular escenarios, probar reformulaciones y tomar decisiones sin una fecha límite inmediata respirando en la nuca.
En pocas palabras: quien empiece en 2026 tendrá control. Quien espere a 2027, probablemente entrará en modo urgencia.

¿Qué es la NOM-051 y por qué se implementó por fases?

La NOM-051 es la norma que establece cómo debe presentarse la información comercial y sanitaria en el etiquetado de alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasadas en México. Su modificación en 2020 no fue un simple ajuste estético; fue un cambio de paradigma en la forma de informar al consumidor.
México enfrenta desde hace años una crisis de salud pública vinculada con el consumo excesivo de azúcares, sodio y grasas. El etiquetado tradicional, con tablas pequeñas al reverso del envase, resultaba insuficiente para que el consumidor entendiera, en segundos, si un producto representaba un riesgo por su composición.
De ahí nació el sistema de sellos frontales: advertencias visibles, directas, sin rodeos. Pero aplicar este modelo de forma inmediata y definitiva habría significado un impacto brutal para la industria. Por eso, el gobierno optó por una implementación escalonada, dividida en fases.
Cada fase cumple una función: la primera introduce el sistema, la segunda lo ajusta y endurece, y la tercera lo consolida de forma definitiva. No se trata solo de plazos administrativos; se trata de niveles crecientes de exigencia técnica que buscan transformar, de fondo, la forma en que se formulan, comercializan y comunican los alimentos en México.


¿En qué consiste la Fase 3 de la NOM-051?

La Fase 3 es el momento en el que la NOM-051 deja de ser transitoria y se vuelve definitiva. A partir del 1 de enero de 2028, el cálculo y evaluación de la información nutrimental complementaria se realizará aplicando de manera íntegra los criterios establecidos en el numeral 4.5.3.

Esto implica un cambio profundo en la lógica de evaluación. Ya no basta con revisar si un nutrimento fue añadido o no; lo que importa es el perfil nutrimental total del producto. Azúcares naturales y añadidos se suman, las grasas se analizan como conjunto crítico y el sodio se evalúa en relación directa con el aporte energético.

Además, en la Fase 3 basta con que exista un solo nutrimento crítico para que el producto sea evaluado en su totalidad bajo los perfiles más estrictos. Es un sistema mucho menos permisivo y mucho más preciso.

Por eso la Fase 3 no es una etapa más: es el punto en el que el etiquetado frontal adquiere su forma final. Después de 2028, ya no habrá un «siguiente ajuste» que suavice el impacto.

Cronología de la NOM-051 y del etiquetado frontal en México

El etiquetado frontal en México ha seguido una ruta clara y progresiva desde 2020. Primero llegó la Fase 1, en octubre de ese año. Fue el arranque del nuevo modelo: los sellos aparecieron frente al consumidor y el mercado comenzó a adaptarse a una realidad completamente distinta.

En octubre de 2023 entró en vigor la Fase 2. Esta etapa no cambió la esencia del sistema, pero sí afinó los criterios de cálculo y endureció varios parámetros. Muchos productos que «pasaban» en Fase 1, dejaron de hacerlo con la misma facilidad en esta segunda etapa.

Originalmente, la Fase 3 estaba prevista para iniciar en 2025. Sin embargo, tras los ajustes anunciados en 2025, se estableció de manera definitiva que la Fase 2 se extendería hasta el 31 de diciembre de 2027 y que la Fase 3 arrancaría el 1 de enero de 2028.

Este recorrido deja claro algo fundamental: el etiquetado frontal no es una política temporal, es una estrategia estructural de salud pública que llegó para quedarse.

¿Qué confirma oficialmente la entrada de la Fase 3 en 2028?
La entrada de la Fase 3 en 2028 no es una interpretación de la industria, ni una proyección optimista, ni una fecha «tentativa». Está jurídicamente confirmada por un Acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación el 31 de julio de 2025, mediante el cual se modificó formalmente el Transitorio Segundo de la Modificación a la NOM-051.

Este Acuerdo fue emitido de manera conjunta por la Secretaría de Economía y la COFEPRIS, lo que le da un doble respaldo: comercial y sanitario. Es decir, no solo define cómo se debe cumplir la norma en el mercado, sino también cómo se va a vigilar desde la perspectiva de protección a la salud.

En ese documento se estableció con total claridad que la Segunda Fase se mantendría vigente hasta el 31 de diciembre de 2027 y que la Tercera Fase se verificaría a partir del 1 de enero de 2028, aplicando de forma íntegra el numeral 4.5.3 de la modificación a la norma. Además, el mismo Acuerdo dejó sin efectos disposiciones anteriores que manejaban fechas distintas, cerrando cualquier posibilidad de ambigüedad jurídica.

Esto es especialmente relevante porque, durante varios meses, el sector manejó fechas cruzadas: octubre de 2025, enero de 2026, ajustes parciales, etc. Con el Acuerdo de julio de 2025, ese ruido quedó oficialmente eliminado. Desde 2026, todas las empresas del sector tienen frente a sí un calendario claro, definitivo y no negociable.

En términos prácticos, esto significa que la cuenta regresiva hacia la Fase 3 ya está corriendo, aunque aún queden casi dos años de Fase 2 por delante. La autoridad ya hizo su parte al definir el marco legal; ahora le toca a la industria decidir si camina con tiempo o si llega corriendo al final.

Diferencia clave entre Fase 2 y Fase 3 de la NOM-051-SCFI/SSA1-2010

La diferencia entre la Fase 2 y la Fase 3 va mucho más allá de un simple cambio de fechas o de valores técnicos. Es, en realidad, un cambio en la lógica completa con la que se evalúa un producto.

La Fase 2 funciona como una etapa de adaptación. Aquí todavía existe cierta flexibilidad operativa: los criterios permiten ajustes progresivos, las empresas han tenido margen para aprender a calcular correctamente los nutrimentos críticos, rediseñar etiquetas y entender cómo se comportan sus productos frente al sistema de sellos. Es una fase donde todavía hay espacio para corregir sin que el impacto sea devastador.

La Fase 3, en cambio, representa el momento en el que la NOM-051 deja de ser una norma en transición y se convierte en un estándar definitivo. Aquí ya existe la lógica de «periodo de ajuste». Los perfiles nutrimentales se aplican en su versión final, con valores más estrictos y con una evaluación integral obligatoria.

En Fase 2, muchas decisiones todavía se centran en lo «añadido»: azúcar añadido, sodio añadido, grasas específicas. En Fase 3, esa distinción pierde peso, porque lo que se evalúa es el resultado final del producto en su conjunto. Los azúcares intrínsecos también cuentan, las grasas se suman como perfil total, y el sodio se analiza con mayor severidad respecto a la carga energética completa.

Esto provoca una consecuencia clave: un producto que hoy «apenas cumple» puede dejar de cumplir automáticamente en 2028 sin haber cambiado nada en su fórmula. No se trata de que el producto empeore, sino de que el estándar se vuelve mucho más alto. Por eso la Fase 3 no es solo una etapa más; es un nuevo punto de referencia para toda la industria.

¿Qué productos serán los más impactados por la Fase 3?

Aunque la Fase 3 aplica a todos los alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasadas, su impacto no será homogéneo. La experiencia de las fases anteriores ya ha mostrado que ciertos sectores sienten el golpe con mucha más intensidad que otros.

Las bebidas azucaradas y los jugos con azúcares añadidos son, probablemente, los primeros en la línea de impacto, Aquí la suma de azúcares naturales con los añadidos eleva de forma automática el perfil crítico del producto, lo que puede traducirse en múltiples sellos incluso sin grandes cambios en la fórmula.

Los lácteos saborizados, yogures, postres lácteos y productos con base de leche también se ven particularmente expuestos. En estos casos, la combinación de azúcares, grasas y carga energética vuelve cada vez más difícil mantenerse por debajo de los límites establecidos.

La panificación industrial, las galletas, la confitería, las botanas saladas y los cereales para desayuno conforman otro grupo de alto riesgo. Son productos históricamente cargados de energía, azúcares o sodio, donde la Fase 3 puede obligar no solo a más sellos, sino a verdaderas reconfiguraciones de portafolio.

Mención aparte merecen los productos dirigidos a niñas y niños. Aquí no solo pesa el número de sellos, sino también la imposibilidad de utilizar personajes, caricaturas y elementos gráficos que antes eran parte central de la estrategia de venta. En Fase 3, un producto infantil con múltiples sellos se convierte en un problema de marca, no solo de cumplimiento.

Finalmente, hay un grupo que suele subestimarse: los productos “naturales”. Jugos, concentrados, alimentos con frutas, mieles, néctares y mezclas vegetales pueden verse más impactados de lo que hoy se piensa, porque la Fase 3 ya no distingue entre lo natural y lo añadido cuando el resultado nutrimental final es elevado.

¿Por qué se decidió aplazar la Fase 3 hasta 2028?

El aplazamiento de la Fase 3 hasta 2028 no fue resultado de una presión aislada de la industria, sino de un análisis mucho más amplio de impacto social, económico y nutricional. La autoridad reconoció que aplicar de manera inmediata los criterios definitivos habría generado efectos adversos especialmente en productos que forman parte de las canastas alimentarias de programas sociales.

Muchos de estos productos cumplen una función esencial para millones de personas: aportan proteínas, calcio, vitaminas y minerales en poblaciones donde el acceso a una dieta variada es limitado. Reformularlos de manera forzada para cumplir con perfiles más estrictos no siempre es técnicamente posible sin sacrificar su valor nutricional o elevar de forma significativa su costo.

Además, aplicar de golpe la Fase 3 habría generado una presión económica inmediata sobre cadenas productivas completas: desde agricultores y proveedores de insumos hasta fabricantes, distribuidores y puntos de venta. El riesgo no solo era un aumento de precios, sino también desabasto en ciertos segmentos.

Por eso se tomó la decisión de ampliar la vigencia de la Fase 2 hasta finales de 2027. No como un retroceso en la política de salud pública, sino como una medida de transición responsable para proteger a los sectores más vulnerables, dar margen técnico a la industria y evitar distorsiones abruptas en el mercado.

Este aplazamiento, lejos de ser una relajación de la norma, es una oportunidad estratégica: da tiempo para que la industria se prepare con planeación, y no bajo la presión de una aplicación inmediata.

El papel del PROY-NOM-051-SE/SSA1-2025 en el futuro del etiquetado

Si la Fase 3 es el destino, el PROY-NOM-051-SE/SSA1-2025 es el mapa que hoy se está trazando para llegar a él. En diciembre de 2025 se publicó el Aviso de Consulta Pública del proyecto de modificación al numeral 4.5.3 de la NOM-051, que es el corazón técnico del etiquetado frontal.

Este proyecto no es un simple ajuste menor. Su objetivo es actualizar los criterios para la evaluación y el cálculo de los nutrimentos críticos añadidos en los alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasadas. Es decir, busca redefinir la forma exacta en la que se determinará si un producto es considerado alto en azúcares, grasas saturadas, grasas trans o sodio bajo la lógica definitiva de la Fase 3.

Aquí ocurre algo fundamental que muchas empresas aún subestiman: aunque la Fase 3 entra en vigor en 2028, la versión exacta de las reglas con las que se medirá esa Fase 3 se está discutiendo desde ahora. Eso convierte al PROY-NOM-051-SE/SSA1-2025 es una pieza estratégica, no solo normativa. Las empresas que hoy revisan este proyecto simulan su impacto y participan en el proceso de consulta pública, no solo se preparan mejor: también influyen, de forma legítima, en cómo se va a configurar el estándar técnico definitivo.

En otras palabras, la Fase 3 no se está construyendo en secreto ni llegará como una sorpresa. Se está diseñando a la vista de todos. La pregunta real para 2026 no es si habrá cambios, sino quién los está analizando con tiempo y quién los descubrirá cuando ya sea obligatorio aplicados.

¿Qué deben hacer las empresas desde 2026 para no llegar a 2028?

Prepararse para la Fase 3 no es un trámite pendiente, es un proceso que debe integrarse desde ahora en la estrategia operativa de cualquier empresa de alimentos y bebidas. 2026 es el año ideal para hacerlo porque todavía existe margen de maniobra, todavía es posible probar, equivocarse, corregir y volver a probar sin una fecha límite inmediata.

En este punto, el mayor error es pensar que «cuando se acerque 2028, veremos qué hacemos».

Reformular productos, renegociar insumos, modificar procesos productivos, rediseñar empaques, actualizar información nutrimental y ajustar la comunicación de marca son cambios que requieren ciclos largos de validación.

La Fase 3 no solo es un tema del área regulatoria: involucra desarrollo de producto, compras, calidad, marketing, legal y operaciones.

Además, 2026 es el momento en el que las empresas pueden utilizar el PROY-NOM-051 como una herramienta de simulación. Aunque el proyecto aún puede modificarse, permite anticipar cómo podrían comportarse los productos bajo los futuros criterios. Ese ejercicio de proyección es el que permite tomar decisiones informadas y no reactivas.

Quien comience hoy podrá distribuir los costos, administrar mejor los tiempos, negociar con proveedores con calma y llegar a 2028 con productos ya alineados. Quien espere, probablemente llegará con prisas, con soluciones de emergencia y con un impacto financiero mucho mayor.

¿Qué pasa si una empresa no se prepara para la Fase 3? Industria 2026

No prepararse para la Fase 3 no significa simplemente «cumplir después». En realidad, significa exponerse a una cadena de consecuencia que pueden escalar muy rápido: desde la necesidad de reetiquetar de urgencia hasta la inmovilización de producto, la pérdida de ventas, los conflictos con cadenas comerciales y el desgaste de marca.

Cuando un producto ya está en anaquel y se determina que no cumple con la norma vigente, no se trata solo de corregir un archivo de diseño. Implica retirar inventarios, detener distribución, asumir costos logísticos, enfrentar posibles sanciones y, en muchos casos, perder espacios comerciales que tardaron años en construirse.

Mientras tanto, gran parte de la industria no está esperando a 2028 para reaccionar. Desde hace años se observaron reformulaciones progresivas, reducción de azúcares y sodio, lanzamientos de versiones «sin sellos» o con menos advertencias, eliminación de personajes infantiles y reestructuración de portafolios completos. En 2026, esta tendencia ya no es una rareza: es una estrategia de supervivencia.

La diferencia entre las empresas que sufrirán en 2028 y las que llegarán preparadas no estará tanto en su tamaño, sino en cuánto tiempo llevan trabajando desde ahora en su transición.

Errores más comunes que vemos hoy en etiquetas

A estas alturas podría pensarse que, tras varios años de etiquetado frontal, los errores deberían ser cada vez menos frecuentes. La realidad es otra: los fallos persisten, solo que ahora ya no son tan evidentes a simple vista. Muchos se esconden en los cálculos, en las interpretaciones y en decisiones que parecen pequeñas, pero que bajo la Fase 3 pueden convertirse en un problema mayor.

Uno de los errores más delicados sigue estando en la interpretación de los azúcares. Todavía es común encontrar productos donde no se distingue con claridad entre azúcares propios del ingrediente y azúcares añadidos, lo que distorsiona por completo el perfil nutrimental. Hoy, bajo la Fase 2, algunos de estos casos «logran pasar»; en Fase 3, ese margen desaparece porque el resultado final del producto es lo que se evalúa.

Otro error recurrente está en el manejo de porciones. En algunos productos se siguen utilizando porciones que el consumidor real no respeta en la práctica. Esto suaviza artificialmente los valores nutrimentales, pero también genera un riesgo alto, porque la Fase 3 fortalece la lógica de evaluación con base en el perfil real del producto, no en escenarios optimistas.

También se observaron inconsistencias en el uso de leyendas precautorias, sobre todo cuando el producto contiene edulcorantes o cafeína. En ocasiones la leyenda existe, pero no cumple con las características de visibilidad exigidas; en otros casos simplemente se omite. Este tipo de errores, que hoy pueden pasar desapercibidos entre cientos de productos, bajo la Fase 3 se volverán mucho más visibles.

Finalmente, persiste un problema serio en productos importados «adaptados» al mercado mexicano con información parcial, traducciones incompletas o análisis nutrimentales que no corresponden a la formación real. Estos errores no solo comprometen el cumplimiento, sino que exponen a las marcas a sanciones, inmovilizaciones y pérdida de credibilidad. En Fase 3, este tipo de fallas ya no será visto como un descuido técnico, sino como un incumplimiento directo.

¿Cómo cambia la estrategia de marketing con la Fase 3 de la NOM-051-SCFI/SSA1-2010?

La Fase 3 marca un antes y un después en la forma en que las marcas pueden contar su historia al consumidor. Durante años, el marketing de alimentos se apoyó en conceptos aspiracionales, emociones, estilo de vida y personajes. El etiquetado frontal cambió ese equilibrio, peor la Fase 3 lo va a reconfigurar por completo.

Cuando los sellos se multiplican en el frente del empaque, el discurso publicitario pierde fuerza. Ya no basta con hablar de bienestar, energía o nutrición si la primera lectura visual del producto es una advertencia clara de excesos. Esto obliga a las marcas a elegir: o siguen comunicando lo mismo esperando que el consumidor lo ignore, o enfrentan el problema desde la raíz, reformulando y reconstruyendo su narrativa.

En este nuevo escenario, el marketing deja de ser un ejercicio puramente creativo para convertirse en una extensión de la estrategia regulatoria. Cada claim, cada imagen, cada color, cada palabra se mira ahora a través del filtro del perfil nutrimental.

Y esto es especialmente crítico en productos dirigidos a la infancia, donde la Fase 3 endurece de facto las posibilidades de uso de personajes, caricaturas y elementos visuales atractivos.

Paradójicamente, esta presión también abre una oportunidad enorme para las marcas que si deciden transformarse. Reducir sellos ya no es solo una obligación: es una ventaja competitiva. En la Fase 3, comunicar que un producto logró mantenerse sin advertencias o con un número mínimo de sellos puede convertirse en una de las herramientas de posicionamiento más poderosas frente a un consumidor cada vez más informado y crítico.

¿La Fase 3 afecta igual a productos importados?

Si, y muchas veces incluso con mayor severidad en la práctica. La NOM-051 no distingue origen: cualquier producto que pretenda comercializarse en México debe cumplir exactamente con los mismos criterios, sin excepción. Sin embargo, en el terreno operativo, los importados enfrentan retos adicionales.

Cuando un producto se fabrica fuera de México, la empresa deja de tener control directo sobre muchos elementos clave: formulación, materias primas, procesos de producción e incluso la forma en que se generan los análisis nutrimentales. En Fase 2, esto todavía permite márgenes de adaptación mediante reetiquetados correctivos. En Fase 3, ese esquema empieza a volverse insuficiente.

Si la formulación original ya rebasa los perfiles nutrimentales definitivos, ningún ajuste de diseño podrá corregirlo.

El problema deja de ser gráfico y se convierte en estructural. Esto obliga a los importadores a replantear su relación con proveedores extranjeros, exigir reformulaciones desde origen o, en escenarios más drásticos, abandonar ciertos productos.

Además, conforme se acerque 2028, es previsible que la vigilancia en aduanas se endurezca. Un producto que no cumpla con los criterios de la Fase 3 puede quedar detenido, inmovilizado o incluso rechazado para su comercialización. El impacto ya no será solo regulatorio, sino logístico, financiero y comercial. Para los importadores, la preparación temprana deja de ser una ventaja y se convierte en una condición mínima para seguir operando sin sobresaltos.

¿Qué revisar en contratos con maquiladores y fabricantes rumbo a 2028?

La Fase 3 no solo pone a prueba fórmulas, etiquetas y campañas; también pone a prueba contratos. Muchas marcas operan a través de esquemas de maquila, producción tercerizada o fabricación compartida, y ahí es donde suelen esconderse algunos de los riesgos más grandes de cara a 2028.

En muchos contratos actuales, el cumplimiento de la NOM-051 aparece apenas mencionado de forma general o ambiguamente repartido entre las partes. Mientras el marco era transitorio, esto no generaba demasiadas fricciones. Con la Fase 3, esa ambigüedad puede traducirse en conflictos serios: ¿Quién paga la reformulación?, ¿quién asume el costo del rediseño?, ¿quién responde si el producto es inmovilizado?, ¿quién carga con una eventual sanción?

También es clave revisar cómo se formaliza la validación de la información nutrimental. En algunos esquemas, los análisis quedan a cargo del maquilador; en otros, del dueño de la marca. Si esos análisis dejan de ser válidos bajo los nuevos criterios de la Fase 3, alguien tendrá que asumir el costo de rehacerlos, y eso debe quedar claro desde ahora.

Revisar y actualizar estos contratos en 2026 es una medida de prevención legal y financiera. No hacerlo significa posponer un problema que, en 2028, puede estallar justo cuando menos margen de negociación exista. La Fase 3 no solo va a redefinir etiquetas; también va a redefinir responsabilidades dentro de muchas relaciones comerciales.

La Fase 3 no es el futuro, es la estrategia que definirá quién permanece en el mercado

La entrada en vigor de la Fase 3 de la NOM-051-SCFI/SSA1-2010 en 2028 no será un simple ajuste técnico ni una obligación más en la lista regulatoria. Será, en muchos sectores, un punto de selección natural del mercado. No decidirá solo quién cumple, sino quién se adapta mejor, quién se anticipa y quién entiende que el cumplimiento, en esta nueva etapa, deja de ser un requisito operativo para convertirse en una decisión estratégica de negocio.

2026 es el último año verdaderamente cómodo para prepararse. Lo que hoy aún se puede planear con calma, negociar con proveedores, reformular con criterio técnico y rediseñar con inteligencia, en 2027 ya empezará a sentirse como carrera contrarreloj. Y en 2028, simplemente será obligatorio. Sin margen de error. Sin prórrogas. Sin excusas.

La Fase 3 no solo va a redefinir etiquetas. Va a redefinir portafolios completos, relaciones comerciales, estrategias de marca, modelos de importación, contratos de maquila y dinámicas de mercado. Las empresas que hoy ven este cambio solo como un tema del área regulatoria están subestimando su verdadero impacto. Las que ya lo están leyendo como una transformación estructural, están jugando con ventaja.

Este no es un escenario de “cumplir o no cumplir”. Es un escenario de quién llega preparado y quién llega presionado, quién convierte el cambio en oportunidad y quién lo vive como una crisis operativa. Porque cuando la Fase 3 entre en vigor, el mercado no se va a detener a esperar a nadie.

La cuenta regresiva ya empezó. No hacia 2028.
Hacia la decisión que cada empresa tome desde hoy

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